(Un post para que ya no me digan que sólo cuento lo lindo y bello)

Vacaciones de primavera. Nueve de la mañana. Lau estaba en la oficina y nosotras tres durmiendo a pata suelta. Bueno, yo ya estaba medio despierta, pero fingiendo que no. Sonó el timbre y con todo el fastidio del sistema solar me levanté de la cama. Como estaba indecente, busqué mi sueter turquesa (que es larguito) para poder abrir la puerta, pero entre el fastidio y el sueño tardé tanto que pensé que el tocador de timbre ya se había ido.
Error. El tocador de timbre había decidido derribar mi puerta a patadas.
Aquí podría darles todos los detalles de la historia pero esa tortura se la reservo a mis amigos. Les bastará con saber que el hombre derribó la puerta a patadas y que yo casi me hago pipí del terror.
Los 8 escalones que me separaban del ladrón fueron los más lentos de mi vida. Mi sueter turquesa y yo nos paramos a 30 cm del personaje mientras mi cabeza trataba de decidir si le tenía que decir "Por favor no le hagas nada a las niñas" en inglés o francés. No hizo falta. El no dijo nada y salió. Pensé que había ido a buscar a sus cómplices, una cuerda para amarrarme, un puñal para asesinarme o un palo del jardín para darme por la cabeza, pero mientras le tartamudeaba la descripción al 911, lo vi irse caminando por el parque. La operadora me acompañó los 4 minutos que la policía tardó en llegar. Dos patrullas más buscaron por el vecindario sin éxito. De la cuarta patrulla se bajaron dos mujeres policías que (se los prometo) se parecían a esta. Rubia #1 me tomó la declaración y Rubia #2 habló con Marianne y Valeria para tranquilizarlas. Les dijo que estos ladrones van a las casas cuando piensan que no hay nadie y que no atacan a las personas. Buscan cosas pequeñas que puedan vender fácilmente y no van armados. Vecinos y policías están muy extrañados de que esto haya pasado aquí, bla, bla bla. A todas estas la luz y el aire frío entraban por mi ex-puerta.
Rubia #2 debió ser muy persuasiva porque a pesar del trauma que supone despertarse de esa manera (el ruido fue horroroso) y de escuchar a tu mamá decir por teléfono "hay un hombre en mi casa, ayudenme!", mis hijas han seguido su vida igualita, como si nada. El que no siguió igual fue nuestro bolsillo después de pagar la puerta. Para ser sincera yo quedé medio impresionada también. Ahora cierro con llave durante el día, cosa que no había hecho en los 4 años que llevo en Canadá, ni siquiera durante los 7 meses que Lau pasó en Toronto. La cierro casi siempre.
Mis vecinos, atemorizados, también están empezando a usar sus llaves: 
:) Esos no son mis vecinos (ojalá!). Son puertas de edificios antiguos de Montreal que me gustan mucho (y un par de Boston) porque en Mayo, Adriana, Patricia y yo estamos haciendo fotos de Puertas y Ventanas. La gente de La Vuelta al Mundo también, por supuesto, y todo el que quiera hacerlo es bienvenidísimo. Sólo asegúrense de leer aquí primero. Estas son las fotos de Patricia y las mías:
Y díganme algo: en los países donde ustedes viven también es posible romper una puerta con el pie? Porque en Venezuela, si el ladrón logra pasar la alcabala de la calle, el centinela, el muro, la concertina de guerra, etc y llega a la puerta, a la primera patada el femur le sale por las orejas.
Digo yo.