Para una mamá normal, corriente y caribeña como yo, estrenar winter break no es pan comido. Resulta que yo no sé nada de nada. No sabía que todos los museos y centros de ciencias de Montreal despliegan un arsenal de actividades para los niños. Podíamos escoger - por ejemplo - entre ir al Aqualab de la Biosphère, hacer los medallones de Catalina la Grande en el Museo de Bellas Artes o aprender la danza aborigen de la serpiente de agua en el Museo McCord. Entonces vi que en el
Museo de Arqueología celebraban los 100 años de la muerte de Julio Verne y para allá nos fuimos.
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Julio Verne posee un sitio especial en la película de mi infancia. Mi papá le tenía admiración y me contaba como este francés escribió sobre naves espaciales, submarinos, misiles, aire acondicionado y helicópteros mucho antes de que se hubieran inventado. De niña leí sus libros (no todos) y mis hijas van por el mismo camino.
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Les conté que a los 11 años Julio Verne se escapó de su casa y abordó sin permiso el barco
Coralie, con destino a la India. Quería comprar allá un collar para su amor imposible, su prima Caroline. No llegó a ninguna parte porque antes de zarpar fue detenido por la policía y castigado por su papá. Esta anécdota romántica cautivó a Marianne de pies a cabeza. Ya leyó
Viaje al centro de la tierra y
La vuelta al mundo en 80 días. Ahora está inmersa en
20.000 leguas de viaje submarino.
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La exposición fue una absoluta belleza: había escafandras, ediciones especiales, las plumas de Verne, modelos de veleros, pulcros manuscritos, arpones antiguos y toda clase de tesoros. Valeria pudo ver por primera vez un enorme cuerno real de narval y ambas se murieron de asco con los frascos llenos de tentáculos verdaderos. Todo con misteriosos sonidos del fondo del mar y luces azules. Además, el show multimedia sobre la historia de Montreal casi nos saca lágrimas, disfrazarse de campesinas de la colonia fue genial y el pequeño cementerio de los pioneros nos dio escalofríos.
espacioCon las uñas pintadas
es
Fragmentos de vajilla inglesa, huesos de cordero, cuentas francesas de vidrio...
lsksksddja
Luego nos invitaron a realizar actividades arqueológicas en el edificio contiguo, una estación de bombeo en desuso. La favorita fue una mini-excavación. Las niñas aprendieron técnicas de búsqueda, recolección y registro de hallazgos. Limpiaron las piezas como profesionales y las clasificaron por comparación en el “laboratorio”. Las pobres sudaron para escribir el informe en francés, pero estaban encantadas.
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Apenas esta actividad comenzó, me di cuenta del efecto que tenían las manos de mis hijas en la guía y la mamá que estaba a mi lado. La noche anterior, las chicas habían tenido una sesión de belleza con una amiga. Como resultado, Valeria tenía las uñas de una mano pintadas de escarlata al estilo Moulin Rouge y las de la otra negras como una gótica borracha. Marianne, por su lado, se lució con sus diez uñas de negro brillante salpicadas de lunares fucsia… Llenas de orgullo, señalaban apuntando bien con la uña, tomaban las piezas minúsculas haciendo pinza con los cinco dedos y exageraban los ademanes para mostrar su maravillosa manicure. Yo les sugería ¿Por qué no usan los guantes, como los verdaderos arqueólogos?, pero nada. Mis arqueólogas son del tipo fashion. Definitivamente.
Nota: Hoy sábado las niñas quisieron ir de nuevo a este mismo museo y aproveché para hacer una foto del poster de Julio Verne. Por eso cambié la imagen.