lunes, junio 28, 2010

La piscina (a falta de un título mejor)

estaEsta marina queda al lado de la piscina pública que nos gusta.

No tengo ganas de escribir hoy tampoco.

Me pasa desde hace dos semanas. Lo extraño es que se me ocurren muchas cosas durante el día y a veces redacto posts mentales. Incluso una vez garabateé algo en la parte de atrás de una revista:
 


"La semana pasada encabeza el Top 3 de Las Peores Semanas del 2010. Fue tan mala y rompecorazones que terminó el domingo por la noche con una película demoledora que me dio pesadillas. El único momento no-infame fue el almuerzo de dim sum que tuvimos en Chinatown con Iván y Vanessa, lo demás fue un espanto. Ahora, en una maniobra de auto-rescate, estoy escribiendo cómodamente bajo el sol. Valeria y yo vinimos a nuestra piscina pública favorita y tengo un libro nuevo que me está gustando. También tengo unos nuevos lentes de sol que hacen que todo se vea como mis fotos luego de Photoshop. Los mismos tonos, la misma saturación. Me gustan mucho, creo que no me los voy a quitar nunca. 


La piscina es gratis esta semana. Está recién pintada de un intenso azul...
piscina y hay un pez verde gigante dibujado en el fondo. Es nuestra primera tarde aquí y el verano gotea poco a poco dentro de mi como un suero intravenoso. No hace frío ni calor, hay un nuevo kiosco de helados junto a la piscina de los bebés y quien sea que haya escogido la música merece mi eterna gratitud. Me gusta tanto la música que no puedo leer porque estoy cantando bajito con mis lentes de Photoshop.

Esta semana tiene que ser mejor. Después de todo, conseguí los cinco libros que quería a mitad de precio en Amazon.ca y los tuve en mi casa apenas en tres días. Además, ya falta menos para que la Canon repare mi preciosa cámara y me la haga llegar. Quizás entonces regresen las ganas de hacer fotos, escribir y todas esas cosas creativas que me oxigenan la existencia. Valeria parece una sirena con el pelo mojado. Los chapoteos tienen un efecto sedante y el golpe de las pelotas de tenis de la cancha vecina también. Me gusta mucho escuchar las campanadas de la iglesia y el escándalo de las gaviotas mezclado en esa banda sonora. El ingeniero de sonido de mi vida debe saber lo que me gusta. Esto luce como ese momento perfecto de la película donde se decreta la felicidad y la protagonista deja de hacer pucheros."



flores 2Flores de mi jardín.


No se dejen engañar por las florecitas, ni por un momento piensen que dejé de hacer pucheros. Lo que hice fue lo de siempre: concentrarme en un proyecto fascinante mientras hacía pucheros. Mi curso para adolescentes es de esas cosas que me hacen sentir super suertuda.


Screen Captures44


Sólo necesito ahora que regrese mi cámara para seguir tachando cosas de mi lista de Proyectos de Jackie. Es una lista que nunca termina, saben? Porque el día que termine estoy frita.

domingo, junio 06, 2010

Y una semana después...

... vengo con lo que les quería contar el lunes pasado. Primero que nada, déjenme decirles que yo podría vivir feliz en Ottawa (o ya lo he dicho?). Bueno, eso, que para mi un fin de semana allá es dicha pura. Este verano quiero llevar a la tribu al recién reabierto Canadian Museum of Nature y otro día a la National Art Gallery of Canada, si es posible con paseo en kayak para ellos, mientras yo tomo fotos por ahí. De sólo pensarlo ya me quiero subir al carro.





La razón por la que pasamos ese fin de semana allá es que la porción atlética de esta familia participó en el Ottawa Race Weekend. Lau mejoró su marca personal al correr el maratón en 3:13 y Valeria hizo una carrera de 2 kilómetros pese a todos los pronósticos de su orgullosa madre. Lo de Lau también fue buenísimo porque un dolor de rodilla lo tuvo paralizado hasta el momento de la carrera, cuando se lanzó sin saber si iba a poder. Por cierto, que alguien por favor le diga a Lau que el esposo de una blogger no puede correr todos los maratones con la misma camisa sólo porque sea "la más cómoda" :S


maraton ottawa 20102-2


La razón por la que pensé que mi bebecita no iba a correr es que nunca jamás había corrido antes más de 1 km, nunca jamás entrenó y encima, paso 4 días en cama medio muerta de la gripe justo antes de irnos a Ottawa. De hecho corrió tosiendo tanto que se le revolvió el estómago y casi se para a vomitar. Pero por lo visto salió a su papá, su superhéroe personal, y llegó a la meta en dos pies. Lo que más le gustó fue esto:



Esa es la medalla! Les cuento que tres mil de estas fueron hechas a mano por las mujeres de una cooperativa rural bastante aislada de Camerún, con conchas de coco, semillas y bambú y llevan un trabajo infinito. Cuando nos encontramos con ella a la salida de la zona de corredores lo primero que dijo fue "Mira, mami, la hicieron en Africa!". 


De Africa y Ottawa les cuento más cosas la próxima vez . Y sobre todo, les cuento sobre la fiesta de aniversario que tenemos montada en La Vuelta al Mundo. Yo no tuve grandes fiestas de cumpleaños cuando era niñita, pero esta me compensó por todo lo que alguna vez pude soñar