martes, enero 10, 2006

Tres por cuatro: doce


A la mayoría de mis amigos no les he echado ni un sólo cuento de esta Navidad. A mi me fascina la cursilería de inventar nuestras propias tradiciones, convencida de que mis hijas se las enseñarán a sus hijos y así por generaciones. Dominada por esta certeza he dado a luz al Taller de Juguetes Usados, la Pijamada Navideña y muchas otras. Marianne salió 98 % a mi. Y este Diciembre lo demostró estableciendo una nueva tradición para la familia Lau-Rueda. Nos persuadió a todos de hacer nuestras propias tarjetas de navidad a mano, mantenerlas en secreto e intercambiarlas el 25 por la mañana. Las tarjetas fueron elaboradas con esmero y puntualidad. Todas excepto las de Lau, quien lo fue dejando hasta que finalmente, para no defraudar a su hija, tomó las tijeras y la pega el 24 a las 2:30 am. Estaba medio dormido y no recuerda lo que escribió, pero las hizo. Nadie lo puede negar. En la mía, toda verde ella, puso este amoroso mensaje: Feliz Navidad a ti también. Menos mal que es ingeniero, porque como poeta... :).

1 comentario:

dopzihon dijo...

jajajaja lo de los juguetes usados debería ser una tradición mundial