Este fin de semana nos quedamos sin gatitos.
Los 5 bebés de Opal fueron adoptados y se nos acabó la diversión.
No quiero pasar por eso otra vez. Dimos a los bebés en su momento más lindo, cuando eran aún unas miniaturas pero ya sabían correr, saltar, jugar, comer sólidos y usar la arena. Cada vez que se iba uno yo pasaba en día y la noche imaginándomelo extrañando el calor de sus hermanitos y la leche de su mamá. Luego Opal caminaba por la casa buscando el niño perdido, no! que tragedia! Más nunca! . Me parece una experiencia que hay que vivir alguna vez, pero ya. Soy demasiado blanda para estas cosas. Me consuela mucho que dos de los bebés hayan sido adoptados por amigos (K@rol tiene a Cocoa e Iván y Vanessa tienen a Víctor, el cual ahora se llama Vitto) y los podremos ver crecidos. Ahora he recuperado mi estudio, lo transformamos en gatera durante el invierno) justo a tiempo para empezar proyectos que me tienen ilusionada. Y hablando de proyectos (tengo que cambiar rápido de tema porque lo de los gatos me estruja el corazón) estoy super contenta con el que estamos haciendo Ana y yo.

Ana Gerrero es una fotógrafa que ahora vive en New Mexico, Estados Unidos, y hace un par de meses me propuso hacer un trabajo en equipo. Siento que nuestro lenguaje fotográfico es compatible así que la cosa es muy divertida. Cada 15 días una de nosotras toma una foto y se la manda a la otra. La que la recibe tiene que producir una respuesta fotográfica y luego ponemos el díptico en flickr y en un blog que se llama Without words. Sin palabras.
Me encanta la sorpresa de recibir la foto de Ana. La última vez me mandó una que me gustó muchísimo. Es la foto de su perfume Daisy. Cuando la vi yo estaba moribunda en cama, enfermísisisisisisma y tenía la creatividad en cero: "Perfumes!" pensé y me arrastré a ver los míos. A todos les queda un dedito de líquido, horribles se ven. En vista de que su frasco tiene en la tapa una margarita (daisy en inglés) supercreativamente pensé "Margaritas!" y entre tos y tos le pedí a Lau que me trajera un ramo de la florería.
"Estamos en invierno" - dijo cuando no consiguió nada.
"Pero no puede ser, necesito margaritas" - lloriqueé como una recién nacida.
"No hay otra solución?" - me preguntó con cara de esposo de fotógrafa de margaritas en invierno.
"No!" - tosí yo.
Y apareció con un ramo que tenía cualquier tipo de flores, entre ellas 6 pequeñas margaritas. Las metí en un vaso, me puse el abrigo y las botas encima del pijama y tiritando salí al jardín para tener rayitos de sol. Tosí tanto que casi se me salen los ojos y los pulmones. Trabajé un rato y las fotos no me gustaban. La nieve estaba sucia, a medio derretir, el día opaco, me dolía la cabeza, el pecho, las pestañas, todo horrendo. Entonces encontré un rayito de sol y puse el vaso con las flores sobre un pequeño poste. Cuando baje la vista para hacer un par de ajustes en cámara, el florero se cayó de cabeza y las margaritas quedaron despachurradas en la nieve. Rescate las cuatro menos destruidas y entre a la casa. Vacié el frutero, lo llené de agua y las puse a flotar (ya no tenían tallo). Luego, con la luz de la cocina les hice un par de fotos pero fui al baño a sonarme la nariz (la casa me daba vueltas). Al regresar encontré a Harry bebiendo el agua del frutero y a Minuit masticando una margarita.
Todo soldado sabe cuando ha llegado el momento de la rendición. Ese era el mío. Quise mandar al carrizo a las margaritas, la cámara, los gatos, Ana, Flickr, Lau, el florero, mis hijas y mi vida. Mi tos y yo volvimos a la cama. Dormí un ratito y dos ibuprofenos después encontré en mi cámara esta foto:
No tiene nada que ver con lo que yo quería hacer, pero Marianne y Valeria dicen que es su foto preferida :) Yo, por supuesto, se la mandé a Ana de lo más normal, como si la hubiera tomado sin problema alguno en menos de un minuto, sin perder el glamour ni hablar de mocos, tos, gatos y floreros rotos. Ustedes guardenme el secreto, si? Sólo lo cuento aquí para que los participantes y ex participantes de mi taller de fotografía vean que tengo días tan miserables como los de ellos.
Antes de irme les cuento algo canadiense: El colegio de Valeria hizo un concurso de decoración de gorros de invierno, a mi La Tropical estas cosas todavía me llaman la atención. Los niños decoraron sus gorros y los usaron todo el día. Me habría gustado muchísimo ver eso, pero sólo vi la oveja que hizo mi hija y aqui se las dejo.
Un beso a todos (ya casi sin tos).