Pointe-a-calliere: Museo de Arqueología Leí en el diario La Presse que el 15% de los habitantes de Montreal pone sus pies por primera vez en un museo el único día de año en que la entrada es gratuita. Eso podría significar que los quebecquenses son tacaños en este aspecto o que el arte es de la gente para la gente y las entradas deberían costar poco o nada. El caso es que el último domingo de Mayo docenas de miles de personas se lanzan de cabeza a la cultura al estilo maratón. Y nosotros, obedientes e integradísimos, también, no faltaba más.
La ciudad tiene 35 museos de arte y ciencia, incluyendo el Planetario y el Biodomo. En ese día ofrece autobuses gratis que cubren 5 circuitos de maravillas. Optamos por ir los siete en nuestro carro pero buscar dónde estacionar fue un desafío a la paciencia humana (de Lau). Visitamos el simpático Museo McCord de Historia Canadiense, el Museo Pointe-à-Callière de Arqueología y el Centro de Ciencias en el puerto. Los dos primeros ya los conocíamos, pero para mi papá eran perfectos y a las niñas les encantan. El de ciencias tenía las colas más largas, aunque igual nos animamos a echar un vistazo para ver qué tal. Marianne y Valeria opinaron que es más o menos una mezcla entre Exploratorium de San Francisco (su segundo sitio favorito en el planeta) y el Museo de los Niños de Caracas en sus mejores tiempos ... que no son estos. Diríamos que, del 1 al 20, el Centro de Ciencias obtuvo un 16+. Pero sólo nos faltó el área más grande porque dieron las 6 de la tarde y terminó la fiesta.
Marianne y Valeria haciendo la reproducción de un totem en el Museo McCord.Me encanta la vista del puerto desde el parking. Marianne y Valeria se ven aquí casi sin fuerzas pero, antes de volver a casa, todavía tuvieron (tuvimos) energía para hacer un alto en el parque Mont Royal y dar una pequeña caminata para ver a Montreal adormecerse después este fin de semana super intenso.

Ayer por fin vimos el sol. Después de semanas de lluvia y cielos londinenses, Montreal se bañó de luz y calor por lo que la gente (y nosotros con el rebaño) se lanzó a los espacios públicos para montar bicicleta, caminar, patinar y pajarear. El Memorial weekend de Estados Unidos le vino como anillo al dedo a los turistas para cruzar la frontera y unirse a esta especie de euforia colectiva por la llegada del verano. Muchos piecitos sin pedicure salieron al aire después de laaaaargos meses metidos en botas y medias de lana. Así. Sin advertencia y anestesia. Las chicas - que lucen divinas con abrigo - mostraron sus pancitas fofas y todo tipo de rollitos muertas de la felicidad. Canadienses y gringos color leche por todas partes. Nosotros hicimos un picnic de película al borde del río San Lorenzo, en el estanque de Bonsecours del viejo puerto, y recorrimos a pie todo el 








Este fue un day trip de esos tan primorosos que nadie se los cree. Hora y media de granjas, praderas y establos, desde Montreal directo al centro de Ottawa. Los jardines del Parlamento, adornados con miles de tulipanes rojos, lucían como el set de una película romántica. Los protagonistas no comerían hot dogs gigantes y callejeros sin pizca glamour como nosotros. Ni tampoco estarían con la abuela. Pero seguro subirían enamoradísimos al autobús para ir al Commissioners Park. Allí vimos la mayor cantidad de tulipanes. Tomé tantas fotos que al final estaba mareada y al cerrar los ojos las flores daban vueltas dentro de mis párpados como en un caleidoscopio embrujado. 




