
Que yo amo Montreal no es un secreto para quienes leen mi blog. Pero siempre he pensado que no basta querer: hay que decir que se quiere. Por eso hoy quiero escribir aquí algunas de las razones que me enamoran de mi nueva ciudad. La primera podría ser la candidez, ingenuidad y entusiasmo con que los montrealenses celebran el deshielo y la llegada de la primavera. Me parece muy dulce ver tulipanes brotando hasta en las casas mas sencillas.

Me fascina encontrar rincones de estilo victoriano en la ciudad y hacerlos míos, como este invernadero público, uno de mis lugares preferidos... aquí hay otra foto linda.

Cada vez que cruzo la frontera reafirmo la primera sensación que tuve al llegar aquí: Esta es una ciudad de gente básicamente amable, cálida y acogedora. Los montrealenses me gustan y cuando no estoy en Montreal.... los extraño.
Una de mis cosas preferidas es que Montreal tiene zonas que se parecen mucho a la bellísima Francia y cuando camino por ahí me acuerdo de mi papá y de mi familia. Eso me hace feliz. Es como haber viajado sin tomar un avión.

Montreal debe tener el récord de parques. Mi favorito se llama René Levesque y sobre él les cuento otro día, pero este de abajo me gusta mucho. Es el parque Lafontaine y por las tardes tiene una atmósfera bohemia y romántica divina. Ir sola es una maldad. Los montrealenses disfrutan cada minuto que puedan pasar en un parque.

Pero sin duda, la razón número uno de que yo haya caído fulminada de amor a los pies de Montreal es el agua. Siempre soñé vivir en una ciudad marítima como San Francisco, Barcelona o Vancouver. No se pudo y the next best thing entonces es una ciudad-isla, que aunque sea de río, no tenga el perfume del salitre, tiene veleros, gaviotas, pequeñas playas e inumerables marinas. Me conformo. Es más: me siento sumamente suertuda de poder ver crecer a mis niñas en un sitio así.


Montreal debe tener el récord de parques. Mi favorito se llama René Levesque y sobre él les cuento otro día, pero este de abajo me gusta mucho. Es el parque Lafontaine y por las tardes tiene una atmósfera bohemia y romántica divina. Ir sola es una maldad. Los montrealenses disfrutan cada minuto que puedan pasar en un parque.

Pero sin duda, la razón número uno de que yo haya caído fulminada de amor a los pies de Montreal es el agua. Siempre soñé vivir en una ciudad marítima como San Francisco, Barcelona o Vancouver. No se pudo y the next best thing entonces es una ciudad-isla, que aunque sea de río, no tenga el perfume del salitre, tiene veleros, gaviotas, pequeñas playas e inumerables marinas. Me conformo. Es más: me siento sumamente suertuda de poder ver crecer a mis niñas en un sitio así.

La idea de explicar en fotos por qué amamos Montreal fue de mi amiga Patricia, puesto que nuestro grupo de fotografía (con Adriana) se llama Montreal Je t'aime. Ellas estarán publicando pronto sus fotos también y las enlazaré aquí. La gente de La vuelta al mundo ha estado haciendo lo mismo. Para algunas ha sido un ejercicio de reconciliación con su ciudad (como en el caso de las caraqueñas) y para otras un camino de integración (las inmigrantes). Este mes las fotos en el grupo tienen alto contenido emocional y a mi me han conmovido mucho. Hoy tengo en mi lista a:
dariela en los angeles . ana en vancouver . tcalo en milan . pati (fans de mi ciudad, no dejen de leerla) y gus en montreal . giovanna en lima . sylvia en filadelfia . maría en madrid . paty en maputo. yashvé, agus y libranita en barcelona . kuanyin en toronto . bupu y zerogluten en jerez de la frontera . sra neurosis, pepita y differ en caracas . ivana y olga en terrassa . rosa en la coruña . yadi en ginebra . câline en su pueblito canadiense . sole en livorno . fitzi en Tianjin. mary elizabeth en sydney


